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jueves, octubre 06, 2005

deslizadores...

Los deslizadores ocupaban una extensa llanura al oeste del Tevere (Tíber para los forasteros). Según las exageradas creencias populares, pues jamás se ha podido registrar con exactitud dato o imagen alguna de estos animales, se alimentaban de pequeños roedores, piedras deshidratadas y objetos sin identificar que les suministraban seres interplanetarios que los adoptaron como mascotas. Su reinado se distribuía a lo largo de los dos brazos del río; Ostia al sur y Fiumicino al norte. Los deslizadores eran del tamaño de una mazorca de maíz pequeña y se movían, como su nombre indica, deslizándose, tanto sobre la tierra como sobre el agua. Desde en Monte Fumaiolo al Mar Tirreno, podían observarse en enormes manadas desplazándose a gran velocidad. La leyenda afirma que aunque eran incapaces de volar tal y como lo concebimos, sí podían avanzar sin tocar el suelo, unos centímetros por encima de éste. La ciencia no ha podido jamás demostrar semejante fenómeno aunque algunos estudios afirman que podría ser cierto. Según estos últimos, el secreto residiría en unos extraños poros situados en las plantas de sus pies. Poros que, tras un complejo proceso, expiraban el aire respirado a una velocidad y presión tan importantes que permitirían al animal elevarse en una especie de levitación. El deslizamiento lo provocarían una serie de membranas retráctiles que emergían de su costado y, a modo de vela, hacían que el animal, de por sí ligero, adquiriera una velocidad asombrosa. Se habla de unos 200 a 300 kilómetros hora, aunque, una vez más, no ha sido contrastado. Y es que todo el misterio que gira en torno a los deslizadores se queda en una enorme e inquietante hipótesis. Desde luego, poco ayuda el hecho de que la región se encontrara prácticamente despoblada. Tan sólo un pueblo, el de los Nómadas del Viento, habitó la zona un tiempo hasta que, asustados por lo que ellos llamaron “las Balas de Pelo”, decidieron abandonar. Las Balas de Pelo, sin duda, no eran otra cosa que nuestros encriptados deslizadores. Mito, leyenda o realidad, lo cierto es que la cuestión cayó en el olvido. La gran mayoría de científicos y estudiosos del tema cerraron sus expedientes sin conclusión alguna. Nadie, desde Roma, ha exigido jamás un análisis profundo acerca de lo que podría haber sido el animal más emblemático y sorprendente que jamás habitó nuestro planeta. Muchos prefieren pensar que nunca existieron. Otros, entre los que me incluyo, estamos convencidos de que sí.