en la isla...
Antes de irme, quiero pensar que en la isla recobraré las palabras que este tiempo me ha arrebatado. Las más dulces y las menos densas. Las sinceras, aquellas con las que siempre quise conmover a las estrellas en lugar de atascar los corazones. Quiero pensar que en la isla los sonidos atávicos de esta cruel monotonía se verán superados por el austero tintineo de la espuma sobre las rocas. Que los pájaros negros que se columpian en el desconsuelo emigrarán superados en número y hermosura por aquellas gaviotas que sobrevuelan La Mola. Quiero pensar que la isla inoculará su poción y placebo a través de cada poro maltratado de esta piel confundida. Y así, que volveré más íntegro y volátil, como vuelven las golondrinas tras superar los inviernos. Antes de irme, quiero vaciar la maleta para traerla cargada de ilusión, y salitre, y simétricas dunas que ondean donde empieza todo atisbo de paz. Quiero imaginar que, mecido entre las algas que pueblan el paraíso, olvidaré nombres y caras y lugares enquistados. Que será el sol mi rutina, y el mar mi despacho, lleno de tinta de arena y de los papeles que conforman un imponente dossier de atardeceres. Quiero pensar que en la isla permanecen intactos los restos de lo que soy, y no de lo que he sido. Que macerados, podré desempolvarlos, y limpiarlos, y humedecerlos, para volver a vestirme con ellos. Que será aquel espejo negro y salpicado que algunos llaman galaxia el que refleje todo lo que mis ojos han dejado de ver. Quiero dejar de computar las horas y, perdido en la voluntariedad del aislamiento balsámico, dejarme llevar. Expiar toda torpeza acumulada y arrojarla por cualquiera de esos insignes acantilados. Dejar que los faros flanqueen la mudanza pausada de mis sentidos. Flotar en el rumor de la madera, del gin, de los anzuelos, del humo medicinal y de la extensa y única artería que recorre mi oasis.
Antes de irme, quiero convencerme de que soy el que era. Que sólo un tránsito de incongruencias ha minado mi gratitud. Y que, una a una, pienso despedazarlas y enterrarlas en las sombras que enmoquetan las higueras. Y después volver, más volátil y menos acartonado, para ya no cambiar jamás.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home