siempre hay algo que contar...

jueves, octubre 06, 2005

garantizarnos...

Nos conformábamos con mirarnos a los ojos. Y así, sin palabras, descifrábamos y
comprendíamos todos los enigmas que deambulaban entre nosotros. Éramos nubes
dispersas, hoy aquí, mañana allí, por cielos desconocidos. Caminábamos a contraluz, atraídos por el sol y empujados por las sombras. Un paisaje ondulado de arena y troncos desterrados que habían llegado hasta nosotros a merced de las olas. En la orilla había piedras, y conchas, y un tamizado mausoleo de formas y colores. Como siempre, nos dejábamos guiar por la marea, encharcados a rachas de cintura para abajo. Aquello era lo más parecido a ser inmortales, como el olor a salitre y como la curiosidad innata de los peces más pequeños. Recogíamos restos de historias naturales, entre vida y fósil, resignados a prevalecer. El mar, como lente de la vida, engrandecía y exageraba los dedos de nuestros pies, hundidos en materia, entrelazados. Sedados, implicados de lleno en aquella levedad, en mitad de un carrusel de aromas y sonidos, nos conformábamos con mirarnos a los ojos. Pues de los ojos, en silencio, podía extraerse la colección de versos que componían nuestra existencia. Una existencia que era, al fin y al cabo, la única realidad que necesitábamos garantizar.