siempre hay algo que contar...

jueves, octubre 06, 2005

suspirar...

Debiéramos suspirar por aquello que, precisamente, no nos hace suspirar. Y, así, rebajar las cotas de la felicidad alcanzable. Si sólo lo casi inaccesible acciona nuestro palpitar, nos estamos dejando demasiadas sensaciones por el camino. Por ello, desde hoy, suspiraré por los cactus que pueblan la ventana, por los perros que olisquean cajas junto al contenedor, por las baldosas rotas de la calle Caro, por la correspondencia del banco y de la comida a domicilio, por el hombrecito rojo que espera en el semáforo. Suspiraré por el olor que escupe el horno por las mañanas, por el café con leche fría que degluto en segundos, por el césped recién cortado que parece una alfombra. Se acabaron las necesidades enormes y las monumentales expectativas del día a día. Se acabaron las mínimas dosis de felicidad alcanzada sólo en la conjunción de astros y suerte y esfuerzo y milagro. Se acabó. Suspiraré por los molinos que flanquean la carretera, por el 2% de bahía que alcanzo a ver desde la terraza, por cada mensaje de alguien que ha pensado en mi. Suspirar. Suspirar por el simple hecho de lavarme la cara, de beber un vaso de agua, de escuchar cualquier canción. Suspiraré y suspiraré por todas las cosas cotidianas y seguras, pequeñas o torpes, manidas o hasta ahora indiferentes. Y así reiré más y seré mucho más feliz. Es una gran decisión. Sí señor. Suspiremos.