siempre hay algo que contar...

jueves, octubre 06, 2005

te dije...

Te dije que no hicieras tantas preguntas. Te dije que no hurgaras en mis cosas. Que no escucharas mis conversaciones. Te dije que no me siguieras. ¿Qué coño haces aquí? Siempre tan curiosa. Siempre metiendo las narices donde no te llaman. No te imaginas lo que has hecho. Hasta qué punto la has cagado. ¿Recuerdas? Un día te dije que mis asuntos eran sólo de mi incumbencia, que no te inmiscuyeras y que no te preocuparas. Y no me has hecho caso. No sabes cuánto lo vas a lamentar. Y yo. ¡Mira! Sí, mira bien, mira a tu alrededor… total, ya que has entrado y ya que no vas a salir, puedes mirar lo que tanto te intrigaba. Sí. Son personas. Toda esta gente se equivocó al cruzarse en mi camino, igual que has hecho tú. ¿Ves ahora la magnitud de toda esta historia, no? Como comprenderás, no puedo dejar que le cuentes esto a nadie. Tranquila… tranquila, deja de llorar y hablar a la vez porque no entiendo nada. Ya sé, ya sé que no ibas a contarlo, que puedo confiar en ti y todas esas historias. El problema no eres tú, soy yo. No puedo permitirme que salgas de este sótano como si nada hubiera pasado. ¿Ves esto? No te asustes. No notarás casi nada. Será como si te fueras durmiendo. Dentro de unos minutos… ¿Sabes? Me fascina esta situación en la que alguien es consciente de que está a punto de morir. Tú, por ejemplo. Me pregunto si puedes pensar con claridad o si el miedo te colapsa. Morir. Se dice deprisa. Pero ser capaz de analizarlo debe ser horrible. Justo antes de morir; saber que ya nunca volverás a ver el mar, ni el cielo, ni la gente que te importa. Saber que nunca más volverás a reír, o a silbar esas estúpidas melodías, o a leer esos libros que sueles leer con los pies colgando del puente. Que ya está. Que nunca volverás a despertar por la mañana, abriendo los ojos mientras hueles el café que hierve en la cocina. Que no habrá más sábados, ni más cenas, ni más hogueras tras las que beber y fumar hasta caer rendida. Que nunca volverás a besar, ni acariciar, ni amar a nadie. Debe ser muy duro. Saber que lo que has hecho hasta hoy es todo lo que habrás hecho en tu vida. Todo por lo que te recordarán. En fin, no pretendía ponértelo más difícil, tan sólo es algo en lo que he estado pensado. Creo que es mejor que te cubra la cabeza, no se si soportaría verte los ojos. ¡Joder! Mira que te lo dije. Mira que te avisé. Bueno, se está haciendo tarde y tengo cosas que hacer. Ven aquí. ¡No! No te revuelvas. No me obligues a hacerte daño. Así, tranquila, será rápido... Deja que te coja el brazo un momento… Muy bien… ¿Ves?… Ya está... Perfecto. Ahora tengo que irme. Si notas que te mareas, es normal. Después volveré para ordenar todo esto. Adiós. Tienes dos minutos para hacer lo que quieras. No los desperdicies.