foniatra...
Una década tardó Luis en recuperar el habla perdida aquella tarde de agosto cuando, sentado en aquel banco desde el que se divisa la playa de Portals, con su isla y sus cuerpos en adobo, tomó la mano de Inés. Habían pasado muchas, muchísimas cosas desde entonces. El foníatra, la impotencia del silencio, las eternas sesiones de logopeda, la garganta anestesiada, el adiós de Inés y su consiguiente desesperación y soledad. Diez años más tarde, una mañana cualquiera, mientras compraba pescado a su pescadera preferida en el Mercado de Santa Catalina, volvieron a funcionar los engranajes del sonido. Entonces, todo surgió como en la cola de impresión de las impresoras que guardan el archivo en la memoria para estamparlo en cuanto les reponen el papel. Así, como de la nada, Luis pronunció aquel “¿Quieres casarte conmigo?” que debió haber brotado diez años atrás. María, la pescadera, le miró sorprendida y le dijo que sí.

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