siempre hay algo que contar...

jueves, abril 14, 2005

libreta...

Y así fue como se cansó la gloria de ser gloria. Y las hojas empezaron a repeler la tinta con la que quise perdurar. Así quedó la historia más hermosa jamás concebida. Dormida, enjaulada, ahogada en el tintero de la falta de recursos. Así supe que no seré capaz de escribirla como no seré capaz de tantas y tantas cosas. Por vago y por limitado. Porque intentarlo es un paso pero nunca una garantía. Y por más malabares, por más remiendos que suturen mi realidad, ésta sigue desconchada en tantas materias. Y seguirá, sí, brotando el verso sin compañía. Y una tras otra, pequeñas cotas que me van alejando de la cima. O de la idea hecha de la cima, lo que resulta aun más gracioso. Sabe la libreta de momentos geniales faltos de continuidad. Sabe de gestos ilustres y de carencias. Sabe de mí, y de ellos, de playas con dos terrones y de bolis sin tinta que arañan el papel. Sabe de inspiraciones envueltas en mareo, y de montañas rusas que corrompen la alegría. Pero ¿a qué precio?. Es así, como en una especie de zoológico, o de zoo ilógico, en este caso, que viven enjauladas las manos que exprimen los sentimientos. Hasta que se cansan de estrechar, de bordear palabras envueltas en desconsuelo. Y a veces se rinden, se escapan y huyen allí donde nadie las necesite. Sabe la libreta que muchas cosas dejan de tener sentido. Que el actor se harta a menudo de su teatro. Y que toda obra tiene un telón que la delimita. Sabe que al desnudarte te invade el frío. Y que, en ocasiones, es más fácil ausentarte que localizar las mantas bajo las que renacer. Sabe la libreta que aunque la eche de menos, sólo intento respirar. Y no siempre es sencillo. Sabe que mudo soy más gris, pero menos vulnerable.