siempre hay algo que contar...

jueves, octubre 06, 2005

evacuacion...

En el consejo se acordó por unanimidad que los primeros en ser trasladados serían los niños. Conscientes de que la evacuación del planeta sería lenta y complicada, debía ponerse a salvo primero a los más pequeños. Si nuestra raza albergaba alguna posibilidad de supervivencia, ésta sin duda pasaba por ellos. Aun así, eran muchos los escépticos que auguraban nuestra más que probable e inminente extinción. Todo había sucedido tan deprisa que aun no habíamos desarrollado la tecnología ni encontrado el medio en el que poder subsistir de forma estable fuera de nuestra atmósfera. No se podía garantizar el éxito de la repoblación. Estábamos bien organizados pero mal informados. Nadie tenía claro qué hacer ni de cuánto tiempo disponía para hacerlo. Ni siquiera sabíamos si toda aquella alarma se había dado demasiado pronto o era incluso exagerada. Pero no podíamos arriesgarnos. E hicimos todos los preparativos. Empezamos, como indicaba el protocolo, por los hijos de los líderes mundiales, científicos de todas las ramas, filósofos, doctores, pensadores, matemáticos y un reducido número de gente del arte. Se pretendía garantizar un legado genético capaz de sacar adelante la especie en condiciones hostiles. Era un tiro a ciegas pero, al fin y al cabo, una idea preestablecida que no debíamos ni podíamos cuestionar. Se instauró la edad límite de los 16 años para la primera criba. Los adultos que acompañarían a los niños en las plataformas, formaban también un grupo reducido: personal cualificado de agencias espaciales, médicos, educadores y miembros de aquella elite invisible designada a prevalecer. Seguimos el procedimiento embarcando a la mayoría de los niños del primer mundo. Así, un total de 62 millones de menores ‘privilegiados’ fueron enviados al espacio en los ocho planetas plataforma que se habían construido a una velocidad inimaginable. En un principio, orbitarían en fases entre las constelaciones Perseo y Casiopea realizando experimentos para buscar en condiciones para reestablecerse y crear una nueva sociedad. Muchos opinan que fue apresurado, pero el 25 de noviembre de 2077 dimos la orden de lanzar las plataformas. Había llegado el momento de ser testigos de excepción de la destrucción de la tierra. Pero, una vez más, nuestros cálculos habían sido erróneos y la lluvia de ‘basura’ que iba a destruirnos, viró y pasó de largo. Entonces llegó la consternación. Hacía meses que habíamos perdido el contacto con las plataformas. Más tarde supimos que no habían completado su recorrido desintegrándose ante el colapso de una estrella. Habíamos destruido nuestro futuro y nadie disponía de fuerza ni voluntad para justificar lo sucedido. Así fue como se unificaron las razas. Tuvimos que acudir al tercer mundo y ‘robarles’ a sus hijos para garantizar nuestro futuro. Tuvimos que centrar todos nuestros esfuerzos en criar y rescatar a aquellas criaturas que hasta entonces habíamos dejado morir de hambre. A las mismas a las que no habíamos dado ni una oportunidad para salvarse durante la evacuación. Fue tan vergonzoso como necesario. Aquello fue el colapso del hombre y el nacimiento de una nueva época. Nunca podremos explicar qué sucedió. Pero sucedió.