miedo portatil...
A veces siento envidia de las voces que te rondan por las noches. Me pregunto qué te dirán y cómo te convencerán para que quedes dormida. Y a veces siento miedo de las líneas que trazan los conjuntos ideales. Miedo de la perfección vulnerable que incuba con persistencia la semilla del cambio. Como decía mamá; “líbranos Señor de las buenas personas”. Concibo ideas, miradas y juicios que no había transitado en pensamientos anteriores. Reposo en las cumbres de toda indiferencia y, desde ahí, oteo el devenir de las sonrisas marchitas. Veo secano en los ojos de hombres y mujeres. Veo como ponen su corazón en barbecho durante algunas estaciones, largas o cortas, para que se regenere y poder volver a cultivar en él. Y adquieren sentimientos, esperanzas, ilusiones y carencias portátiles, para evitar quedarse estancados. Para llevarlas siempre encima. Para no depender de un mundo que no cree en ellos. Deambulan, sin dejar que enmohezcan del todo sus quimeras, livianas y moldeables en un trozo de papel. No importan los cómos de los cuándos obsoletos. Y no importan las preguntas de los perfiles paralelos pues nunca convergerán para poder responderlas. Así es. Y concebirlo es en sí mismo entenderlo. Pues el ser inexplicable es ya de por sí una explicación. Simple cuestión de ilógica. A menudo fracasan las promesas previsibles, por frágiles y prematuras. Y triunfan, ante ellas, los fogonazos sin cimientos, el paladar instantáneo de las entregas no razonadas. La estrategia dilata las guerras pero sólo en la batalla se gana o pierde terreno. Al fin y al cabo, son éstos los cánones de la libertad. Ganar o perder, en un millón de millones de facetas de todo tipo y condición. Ganar o perder, en escalas ínfimas o monumentales, tan inocuas que ni las percibamos o tan dolorosas que nos fragmenten en pedazos. Por eso, debido a las fluctuaciones del sentir, el miedo es inherente a todo lo que respira. Coarta e inhibe al individuo, aunque éste lo desconozca o lo niegue. Pobres de los que ignoran la naturaleza del miedo, pues intentarán escapar de él. Y eso no es posible. Al igual que los sentimientos, las esperanzas, las ilusiones y las carencias, el miedo también es portátil, y viaja con nosotros
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