Niña...
Total, como no escuchas, me centraré en lo más esquemático de esta historia. Obviaré los pormenores, los nombres, las fechas y las ubicaciones que, por innecesarias e inexactas, resultarían irrelevantes. Se trata de una historia real. Había una vez una niña, llamémosla Niña, que vivía en un pueblo al que llamaremos Pueblo, en una época no muy lejana que no nos importa. Niña vivía con sus padres, Padre y Madre, en una pequeña casa rural cerca del río Río. Así las cosas, y saltándonos todas las anécdotas superficiales que había preparado sobre la trágica fiesta del pueblo, la frustrada comunión de Niña, el asalto y paliza de los bandoleros a Padre, lo del tráfico de armas, la alcoholemia de Madre, las denuncias de pederastia vertidas sobre el párroco y el gran gran incendio, diré que Niña tuvo una infancia, cuando menos, traumática. Un día, llegó a Pueblo un hombre cuyo nombre todos conoceríais pero que llamaremos Hombre, por no saturar con datos más que nada. Aquel hombre, hoy eminente político, era viudo y tenía un hijo (Hijo, para nosotros) que con el tiempo se convirtió en una estrella mundial de cine. También tenían un gato al que llamaban Sebastián (Uy! perdón). Hombre, Hijo y Sebastián se instalaron en una granja árida vecina a la casa donde vivían Niña y Padre (hemos obviado la muerte de Madre en extrañas circunstancias en el seno de una secta y la brutal contaminación del río Río por culpa de la nueva central nuclear). Una mañana, Sebastián se escapó de la granja y, atraído por el impresionante olor a arenques, fue a parar al regazo de una ya demacrada Niña. En esta parte de la narración, he evitado colapsaros con los detalles sobre la desmesurada adicción de Niña a las drogas sintéticas y su posterior rehabilitación a través del programa ocupacional en el que se le asignó la tarea diaria del secado de pescado azul para su envasado y exportación. Hijo salió en busca de su apreciada mascota y, cuando caminaba por el jardín vecino, a la altura de la tumba de Padre (bueno, ya imagináis, ¿no?, conspiración, trata de blancas, ajuste de cuentas) se encontró cara a cara con Niña. En ese mismo instante se enamoraron locamente, como se enamora el mechón de la oreja izquierda o el horno de la bandeja. Al poco tiempo, la pareja abandonó Pueblo y se fue a vivir a una ciudad enorme. Allí, en Ciudad Enorme, medraron veloz y exitosamente. Niña se convirtió en modelo y a día de hoy aun se la puede ver desfilando para las más prestigiosas marcas en las pasarelas de medio mundo. Hijo, por su parte, tiene a sus espaldas un total de 98 películas, 5 premios de la academia y el reconocimiento unánime por parte de la crítica internacional.
Ya veis. Una historia sencilla, de gente sencilla, sin más interés y sin más trascendencia.
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