quiero pensar...
Quiero pensar que no se han borrado las rutas pintadas a lápiz sobre aquellos mapas cosidos a remiendos. Que siguen en pie y abiertas las puertas del jardín de atrás. Que aun soy yo el que espera el momento oportuno para cruzarlas. Quiero pensar que no se me escapa, volando entre los dedos, el tiempo que reservé para desabrochar fronteras. Que es la conveniencia, y no la apatía, la que va día a día lastrando mis alas. Que podré desperezarlas, de un soplido, como se arranca el rocío con los tres primeros rayos de sol. Quiero imaginar que existen cotas más altas y menos pretenciosas, que aquél pequeño terrario donde incubaba la libertad sigue a la espera de un poquito de lluvia que la haga germinar. Quiero suponer que el valor no es una barra de energía que mengua con la entrega ya disipada. Que los sueños se acumulan y no se superponen. Quiero pensar que hay atajos, y desvíos y amplias circunvalaciones en las que dar media vuelta. Que existe un arcén donde parar y replantearse el camino. Así es. Me gustaría imaginar que no hay errores estructurales, sino simples intentos fallidos. “Lo acepto, no era buena idea, probemos otra cosa” o “Sí, fue buena idea, pero quizá haya otra mejor”. Quiero borrar las directrices que implantan la evolución como una meta salarial o jerárquica. Pensar, mientras sonrío, que ni el estornino, ni el armadillo, ni la luciérnaga, ni el caracol, ni la gacela, ni la albacora… viven aferrados a esa necesidad. Y aun así viven, haciendo lo que pueden y no lo que les dictan. Quiero pensar que, aun desprovisto de luz, a tientas, podré gatear hacia mis dulces escapatorias. Que la vida que voy exhalando, y regalando, y malgastando, no exagerará a la hora de pasarme factura. En fin. Quiero cerrar los ojos y abrirlos en otra realidad menos decepcionante. Despertarme sin pensar que estoy tirando el tiempo. Desaparecer. Apartarme de estas siluetas grises que apolillan mi sonrisa. Y crecer, a mi quizá torpe manera, dónde, cuándo y cómo desee.
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