coordenadas...
Estamos sumidos todos en este precioso ritual, de mares y tierras. Un enorme carrusel que gira, y gira, y gira, y gira. Y menos mal que gira porque el día que deje de hacerlo estaremos perdidos. En ese instante cesará toda ley de gravedad y, cuando nadie le recuerde a nuestros pies que deben tocar el suelo, igual que los globos que consiguen escaparse de las manos de los niños, caeremos hacia arriba. Tú, y yo, y todos, quedaremos dispersos por el espacio. Flotando, como burbujas en una botella. Y nos miraremos al cruzarnos unos con otros, con cara de asombro, mientras intentamos, con mayor o menor acierto, aprender a orbitar. No será fácil. Nos alimentaremos de gases y polvo de estrellas. Conoceremos otros planetas. Y veremos pasar los globos que hayan triunfado. Así es como descubriremos que allí arriba se reúnen por colores y viajan en grandes manadas. Quizá hagamos carreras por las pistas de los anillos de saturno. Y cuando quiera tocarte sin que nadie nos vea, nos esconderemos en la cara de la luna en la que hace millones de años se fundió la luz. Hará frío, pero sabremos superarlo con tacto y cercanía. Ya verás qué gozada de noches, repletas de puntos luminosos. Buscaré un cráter bonito y cómodo para nosotros, con vistas a la montaña. Si sabemos apreciarlo, seremos felices. Sin puertas, ni paredes, ni semáforos que gestionen cuándo y cómo avanzar. Deslizándonos, dejándonos llevar a través de este universo amniótico. Ya no seremos los mismos porque tendremos nombres de coordenadas, y los iremos cambiando. Y así, siempre que estemos juntos, nos llamaremos igual.
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