cruzada...
Lo acompañaban las corrientes, dos tulipanes, un diccionario de sinónimos y un peón macizo del ajedrez de mármol que le dejó su abuela. Al peón lo había remendado, con más corazón que estilo, después de la decapitación sufrida en un suicidio no voluntario mesita de noche abajo. Aun así, la unión era firme y garantizaba la estabilidad de aquel cráneo circular. Al diccionario le faltaban las letras E, L y más de la mitad de la R. Una carencia cuantiosa pero superable al fin y al cabo aunando esfuerzos léxicos entre todos. Los tulipanes, aun hermosos y vitales, habían sido víctimas de nocturnos roedores que esquilmaron varios de sus pétalos. Sufrían ansiedad y cierto grado de manía persecutoria pero lentamente, y con la ayuda de los demás, lo iban superando. Las corrientes estaban perfectas, en pleno estado de salud y energía. Ellas los empujaban de un lado a otro a la velocidad que requiriera cada tramo del camino. Todos tenían bien definida cuál era su función dentro de la comitiva. Él dirigía al grupo, establecía los itinerarios y las pequeñas metas a alcanzar. Guiaba el quinteto (amén de las corrientes) tomando aquellas decisiones que los ayudarían a avanzar. El peón era el miembro expedicionario, el que ponía el valor. Se adelantaba al grupo adentrándose en solitario en cualquier escenario desconocido. Y así, ajeno al miedo, abría camino. El diccionario era el interlocutor, el encargado de dialogar con todos los seres que se iban encontrando a su paso. Hacía las preguntas y daba las explicaciones, aunque a veces, cuando requería de las letras que le habían extirpado, se trababa y sufría una especie de colapso. En esas ocasiones, los demás le ayudaban, tirando de mímica e ingenio. Los tulipanes aromatizaban el camino, haciéndolo más agradable y vistoso. También cumplían la función de rastreadores pues sabían de olores más que nadie. Podían identificar su realidad, distancia y procedencia con un mínimo margen de error.
Habían iniciado su viaje convencidos de encontrar aquello que les faltaba, aquello que los completara, aliviara y devolviera la estabilidad. Y así, unidos, avanzaban tranquilos, más o menos seguros, en su cruzada hacia ninguna parte en concreto.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home