ciudad condenada...
Vivo en una ciudad condenada. Una ciudad sumida en la frivolidad más decadente y en el eterno materialismo. Una ciudad donde las personas no luchan por ser mejores de lo que son sino mejores que los demás. Una ciudad de potenciales inhibidos bajo el yugo de la mediocridad. De mediocridad en sus calles, y en sus parques, y en sus museos. De mediocridad en sus fiestas, en sus teatros y en sus conciertos. Una ciudad donde los que rigen no saben de personas sino de sumas y papeletas. Y así nos confunden, nos maniatan y nos engañan. Al devaluarnos como ciudad, nos devalúan como ciudadanos y, así, como individuos. Aunque no lo notemos. Así nos merman e infravaloran, como al rebaño cabizbajo enderezado con perros y varas. Nos llenan las manos con escasez, no de la que enriquece sino de la que alimenta. Nos ayunan el espíritu, y las inquietudes, y, en la medida que ambos confluyen, el corazón. Vivo entre aceras castigadas por la soberbia de los que no las pisan, y entre perfiles de campos amputados sin sentido. Vivo entre grandes proyectos que sobrevienen enormes fiascos que repueblan y urbanizan las carteras de los que sonríen en las fotos. Vivo donde la razón tiene dueños con caras y nombres, y firmas, y enormes monopolios. Donde triunfar no es ser sino tener. Donde ser joven es ser un potencial criminal. Y ser viejo, un potencial estorbo. Vivo en una ciudad que no sabe de las diferencias que pueblan este mundo. Y por ello no las acepta. Y las mira mal, y las censura, por la espalda y entre dientes. Vivo en una ciudad a la que no le preocupa cómo es sino cómo la ven. Una ciudad callada, hermética y desconfiada. Una ciudad insensible y seca, como sus amos. Sin guiños ni gestos. Movida por hilos puestos en manos torpes y poco delicadas. Una ciudad sin relevo ni aire fresco en el horizonte. Una ciudad sin futuro.
Pero a veces la contemplo. Y aun me sobrecoge. Me sobrecogen las gentes que ríen ajenas cuando el mar engulle el sol. Y me sobrecoge cómo la luz se distribuye amable por los rincones. Su vida, me sobrecoge. Y esas pequeñas voces que rugen en su estómago, ávidas e inquietas. Que no enmudecen ni se doblegan. Las que gritan; “mañana, si queréis, todo será diferente”.

1 Comments:
molt bo, en tu linea com sempra...
12:21 a. m.
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