dilatado suspiro...
Así, las primeras luces del alba centelleaban entre su piel y la cama, como el aura de las sirenas de los delitos sin ruido. Rebotaba en ella, en la colcha y en el techo para diluirse finalmente en mis pupilas, menguadas como lunares. ¿Merecía la pena despertarla para explicarle que formaba parte de tan grato fenómeno climatológico? Deduzco que no. Que en sus sueños habitaría mejores y más extraños procesos. Me incorporaba, y deambulaba por la casa como un animal desubicado. A paso lento, reptando, dejando estelas de humo, piel y colchas profanadas. Impregnando cada rincón con humores de sexo, y bálsamo, y alegría. Disipando de mi cuerpo el miedo y el sudor y dejando sólo adheridas las caricias, como una coraza de retales, que ella pronto se encargaría de renovar. Por el camino alfombras, mimbre, cajas de cds, y ropa desterrada y diseminada al azar por el campo de batalla. La puerta semiabierta y, a través del canal de luz de entrada al nocturno escenario, en el pedestal, su figura. Ladeada, ausente, envuelta en crisálida de sábanas, y alientos, y sonidos sonámbulos sin raíz etimológica. En la nevera, agua helada que fluía derritiendo mi pudor y llevándose los restos de cada beso recolectado. En la mesa, nada. En la tele, nada. En la ventana, nada. Y en el cuarto todo, inmóvil, dispuesto y regenerado tras reposar de cada pequeña muerte infringida horas atrás. Así entraba, en sigilo, como las fieras que acechan, en busca de mi trofeo de gestos y rituales. Así la despertaba, al tacto, al roce más tierno y menos casto, más puro y menos pudoroso. Y ella levantaba las verjas de su bazar de mimos, y se giraba, y sonreía, y se adosaba aun más a mí. Y ya no quedaba entre nosotros espacio para el aire, ni la luz, ni la duda. En su recién instaurado desvelo, volvía a cerrar los ojos, y aprobaba con tensión, y mímica, y contoneo, cada suave o violenta fusión de esqueletos. Hasta que la muerte en miniatura volvía a visitarnos. Entonces caía a su lado, inconsciencia y vahído, redibujando a un palmo su cara. Y mi “Hola. Buenos días”, obtenía por respuesta un profundo, sentido y dilatado suspiro.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home