tecleo confuso...
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Lo de arriba es el fruto de un instante confuso de tecleo automático (incluyendo dedo itinerante sobre la tecla de mayúsculas y la barra espaciadora). Procedería a continuación a su meditado análisis pero, cuanto más lo miro, más me desconcierta. A simple vista, podemos deducir que mis dedos a su libre albedrío sobre un espacio rectangular delimitado y subdividido en pequeñas parcelas marcadas con caracteres, sienten predilección por la letra ‘A’ (8/52). Quizá este hecho resulte de lo más normal teniendo en cuenta que se trata de una de las vocales más utilizadas por lo que nuestras yemas tienden a acercarse a su perímetro. Pero, si así fuera, también resultaría normal que las letras cercanas a la ‘A’ en el teclado, tuvieran una presencia considerable. Y no resulta así, sólo la ‘Q’ (2/52) cumple tan elemental predicción. Después, hay que alejarse hasta la ‘V’ (3/52) para encontrar el caracter más cercano a la vocal inaugural. Destaca en segundo lugar del ranking la ‘L’ (7/52), seguida de la ‘I’ (6/52), la ‘J’ (5/52) y la ‘H’ (4/52). Llegados a este punto, una carencia, un hueco descomunal que trastoca mi cotejo. Una de mis letras predilectos, de las más apreciadas, no sólo no figura entre las primeras sino que no se encuentra entre los 52 impulsos infringidos durante el experimento. Se trata de la ‘E’. La ‘E’ de tantos sonidos dulcEs y sElEctos, tiErnos y EspEcialEs, parece no llamar la atención de mi subconsciente. Un duro golpe, sin duda. Un paso atrás en la lógica de esta investigación.
Con tres apariciones, amén de la mencionada ‘V’, encontramos la ‘G’, la ‘K’ y la ‘U’. Ésta última, la ‘U’, aparece en mayúscula en sus tres comparecencias. Este dato lo dejo ahí para futuros análisis algo más pormenorizados. Por último, cierran la lista la ya expuesta ‘Q’ junto a la ‘B’, ‘N’ y ‘O’ (en una misma ‘palabra’ y también en mayúscula presencia) con 2/52 momentos de gloria. El carácter suelto, y que he preferido pasar de largo por miedo a su estudio, es ‘-’ (1/52). Y, como digo, este tema prefiero no comentarlo debido a su obvia gravedad. Igual que prefiero no entrar a valorar el doble binomio ‘lj’ que cierra la quinta palabra, que resulta ser, a su vez, la más mayusculada (sirva por hoy el término).
Y nada más. Sé que el análisis ha resultado demasiado superficial teniendo en cuenta las infinitas posibilidades que ofrece así como el inmenso interés que las mismas suscitan, pero no veo correcto eternizarme. Quedan cosas en el tintero, como el hecho de que la media de letras por palabra, según el criterio de mis dedos, parece ser de unas 6. El hecho de haber usado sólo 14 caracteres distintos entre los muchos que pueblan mi teclado. Y tantos y tantos hechos más que trabajaremos en otra ocasión.
Sed conscientes de que acabamos de establecer un gran avance en el mundo de la psicología dactilar. Una rama de la que seguro se hablará durante años, figurando probablemente en innumerables libros de texto y generando extensas charlas y debates en el mundo de la docencia. Pero bueno, que se la queden ellos, y que se lleven ellos el Nobel. Nosotros nunca hemos sido pretenciosos.

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