siempre hay algo que contar...

martes, mayo 24, 2005

ovejas o cabras...

“Es mejor ser una oveja que una cabra”, afirma B mientras sonríe levemente y aprieta entre sus dedos un manojo de cuartillas repletas de números. Yo le digo que no, que las cabras no se someten con tanta facilidad y ese hecho las hace más libres y, probablemente, más felices. Aun así, ninguna metáfora sobre el bienestar animal se me antoja lógica o equitativa. En nuestro caso, se dibuja mucho más clara la diferencia. Es mejor no buscar problemas, no generarlos y, sobretodo, no exponerlos ni sacarlos a relucir. Así es, es mejor sonreír, hacer un fardo con todo lo equivalente a la ‘injusticia llevadera’, y cargar con él. Aceptar el peso de toda pequeña o gran opresión injustificable y asumir que ese es el precio del bienestar. Un bienestar que no conviene cuestionar en demasía, ni hipotecar en absurdas luchas por una equidad quimérica. Es mejor acatar sin aspavientos aquellos márgenes de dudosa legitimidad, afecten a quien afecten. Es mejor a veces distraer la dignidad en favor de una ‘calma’ monopolizada. No sé. Entre nuestras ovejas y nuestras cabras siempre he preferido las segundas. El que no cuestiona, acepta. Y al que acepta, no se le presupone derecho a réplica. No es una cuestión de causas perdidas ni de adalides justicieros que se enfrenten al poder. Es sólo cuestión de terreno. Del terreno ya de por sí quebrado en el que se desenvuelven las libertades. Si dejamos que, paso a paso, no lo vayan conquistando. Si no hacemos nada y lo cedemos, mudos y resignados. Si no damos a entender que ese terreno es incuestionable, creo sinceramente que ya nunca lo recuperaremos.