siempre hay algo que contar...

martes, febrero 14, 2006

Astra...

En Astra, a siete años luz de la Galaxia de Bilos, cada 14 de febrero se ejecutaba a los enamorados. Éstos eran, según las clases dirigentes, un lastre para la sociedad trabajadora impuesta en el planeta. El enamorado, según la Teoría de Mint, era un ser inestable, con constantes altibajos y con tendencia a la distracción. Sin duda, un problema para cualquiera de las fabricas de producción masiva que poblaban el enorme asteroide. Para llegar a Astra, todos firmaban el Documento Estable, en el que se comprometían a no involucrarse sentimentalmente con ninguna otra persona durante su estancia en Astra, la Gran Ciudad Productiva. La ley era tajante; el que incumpliera su juramento, sería ejecutado. Cada 14 de febrero, los presos y presas de Hult, la cárcel flotante, eran expuestos y desintegrados públicamente, sirviendo así de aviso y escarmiento a los que se plantearan saltarse las normas. La política del planeta había sido puesta en tela de juicio por más de media docena de galaxias vecinas, que organizaban marchas y manifestaciones en torno a la inmensa bola blanca que dibujaba aquel polígono espacial. Pero aun así, los gobernantes de Astra lo tenían claro. En su manifiesto anual del 14 de febrero, justo antes de las ejecuciones repetían; “No obligamos a nadie a venir aquí. Ofrecemos unos sueldos cinco veces superiores a los del resto del sistema Nimos y tan sólo exigimos una obligación a cambio, sólo una”. Quien llegaba a Astra firmaba un contrato de tres años y, de desearlo, podría prolongarlo trienio a trienio mediante una revisión del pacto con los Supremos Capataces. Pasados los tres años, cualquiera podía rescindir su acuerdo y marcharse del planeta, habiendo ganado una importante suma de dinero. Pero los que se quedaban, aceptaban renunciar a la influencia del amor. Aunque no lo parezca, era sencillo detectar a los infractores. Los Polígrafos se repartían, ocultos y camuflados, por todo el planeta. Realizaban constantes analíticas de todos los ciudadanos y, cuando uno resultaba sospechoso, se le sometía a un severo seguimiento. Y siempre se les cogía. En ese momento, ya no servía ninguna excusa o alegato. Habían incumplido el pacto y eran inmediatamente enviados a Hult y sustituidos por alguno de los miles de aspirantes que habían superado las pruebas para llegar al planeta. Mediante esta política, Astra se convirtió en la mayor y más eficiente productora del universo conocido. Un sistema cruel, sí, pero justo al fin y al cabo.