siempre hay algo que contar...

miércoles, febrero 22, 2006

ciego de mirar la luna...

Se quedó ciego de tanto mirar la luna. Por idiota y confiado. El sol, orgulloso y dañino, no nos permite adorarlo ni un solo instante. Ataca, y así nos retiramos. La luna, en cambio, nos invita a admirarla, coqueta y traicionera. Y en la comodidad de sus curvas tatuadas en el cielo, nos quema lenta e imperceptiblemente la retina. El sol es caballero aguerrido e impetuoso. La luna es dama silenciosa y vengativa. Por eso ella eligió la noche, y él, el día. Por eso él eligió ser la estrella que brillara con luz propia sobre todos los hombres. Y ella, el satélite, el espejo diminuto que captara luz ajena y la proyectara a su antojo. Por eso, él eligió iluminarnos. Y ella, cautivarnos, desde las brumas y puntos de un tapiz ennegrecido. Él quiso la claridad. Y ella quiso la sombra, para así aparecer o esconderse, según creyera oportuno.