las torturas...
Las torturas forman parte de cualquier guerra. Sí. No debemos engañarnos. Cuando aceptamos la realidad de la guerra, debemos aceptar sus efectos colaterales, es decir, muertes civiles, objetivos equivocados, muerte de inocentes y torturas a mayor o menor escala. El resto, es absurda y absoluta demagogia. Las guerras son repugnantes, y las tácticas empleadas en las mismas, también lo son. Por ello, resulta patético que los mismos dirigentes que declaran la guerra y envían a miles de soldados a ella, después hagan el paripé de poner el grito en el cielo cuando a sus muchachos se les va la mano. Porque para eso, precisamente, los han enviado allí; para hacer la guerra, para matar, torturar y conquistar. Desde luego, no se envían soldados a repartir caramelos, ni a jugar a la brisca, ni a aprender idiomas. Ataviados con cientos de armas y juguetes bélicos, se les envía a matar, vencer y volver a casa como héroes. Y, desde luego, la inmensa mayoría de ellos utiliza tácticas repulsivas como las que hemos visto este fin de semana. Sus dirigentes lo saben y lo aceptan. Lo saben y lo aceptarán mientras no se haga público. En ese instante, cuando los pillen con las manos en la masa, renegarán de ellos, como Pedro renegó públicamente de Jesús. Los mismos que los han adiestrado para torturar y matar, los abandonarán, precisamente, por hacer su vergonzoso trabajo. Renegarán de ellos e incluso los castigarán para salvaguardar su imagen y convertirse en adalides de la democracia y la justicia. Y lo peor es que les creemos. Les creemos cuando ponen cara de “¡Por Dios!, esto es inaceptable”. Les creemos cuando dicen que no comparten estos métodos. Y nos están mintiendo, apoyados en la ignorancia de nuestros votos.
Si no mintieran, empezarían a hablarnos de cientos de fosas comunes no mediatizadas. Nos contarían cuánta electricidad descargan las jaulas de Guantánamo. Nos ofrecerían un mapa detallado con las cárceles ilegales de Polonia y Rumania, y un manual sobre los métodos de tortura que en ellas se emplean.
Por ello, me da asco ver las imágenes de ocho soldados británicos apalizando a tres jóvenes irakies detrás de un muro. Pero aun más asco, mucho más asco, me da escuchar a los líderes de esos ocho soldados diciendo que es inaceptable. Vuestra política sí que es inaceptable. Y nadie os juzgará por ella. Nunca.
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La disciplina consiste en que un imbécil ejecute las órdenes de otro más inteligente.
Jacinto Benavente
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