venid...
Venid a escuchar los latidos de esta marioneta. Venid a calcular, en onzas de miedo, los lazos que la separan del mundo en el que vive. Venid a recopilar, del aire, del agua y de debajo de las piedras, el tiempo que le robaron. Venid a plañir la muerte de sus quimeras, a acolchar su desplome y a secar el llanto de sus apáticos ojos de madera. Venid a explicarle que la vida no desfila por sus encajes. Que son los hilos, y no la voluntad, los que la hicieron conmoverse. Venid. Venid a decirle que todo era mentira.
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