murieron primero...
Si no hubiera hecho tanto frío, no habría hecho falta encender aquella hoguera para calentarnos. Y si no hubiéramos encendido aquella hoguera, probablemente las criaturas no nos hubieran localizado. La columna de humo se dibujaba en el cielo diáfano tras la puesta de sol, como una señal de neón que indicaba con precisa claridad nuestra posición en el bosque. Supongo que el miedo es algo inherente a la unión de oscuridad y lugar desconocido. Pero aun así, no teníamos miedo. El día había sido intenso, la caminata nos había dejado los pies entumecidos y el cuerpo exhausto. Tras la cena bebimos y charlamos, alrededor del fuego, repitiendo anécdotas de esas que se exageran un poco más en cada nueva narración. Habíamos enfrentado las tres tiendas de campaña creando una especie de círculo de carromatos como los de las películas del oeste. He oído que a ellos les sirve para protegerse. A nosotros, en cambio, no nos sirvió de nada.
Todo comenzó hacia las dos de la mañana. Los que tuvieron suerte, murieron primero.
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