hipoteca...
Digo yo que lo llaman hipoteca por el hipo que te entra cuando te explican lo que vas a pagar. Gastos de aquí, gastos de allí, bien de comisiones, media docena de firmitas… y ¡hala rey!, hasta el 2041 que te tenemos por los machos. Ah! y te regalan una carpeta, no sea que vayas a perder los papeles y tengas que pagarlos otra vez. Después viene un señor trajeado muy simpático que te pone tres firmas más, te lee un par de páginas a lo Urdaci (en 8 segundos), te guiña el ojo y te clava 1500 más. Fanático que es uno de las raíces etimológicas, he llegado a la conclusión de que antiguamente los que daban fe de transacciones y préstamos eran los judíos. Quizá por eso, en esos años de locura persecutoria nacionalsocialista, se llamó a estos señores notarios (del ingles not-ario). Puede que se remonte también a esa época el término comi-Sión. Si es que al final todo está ligado. Bueno, así que ahí estás con los del banco, el notario, los de la promotora y un par más que no sabes de dónde son pero no preguntas no sea cosa que también te cobren. Todos ríen y todos te dan la mano, mano que ya te duele de firmar cosas que ni lees ni entiendes. Seguro que podrían meterse por en medio los de Greenpeace, los del Círculo de Lectores y los del Partido Humanista, que tu firmabas tan contento. A estas alturas ya estas deprimido, sumido en un incomprensible baile de cifras y harto de sonrisas y gestos de aprobación. Entonces te sueltan la frase mortal que siempre empieza con un "¿te comenté lo de…, no?". A la que tú ya no sabes si responder "sí", "no" o "iros a la mierda". "¿Lo del seguro?… pues no me acuerdo si me lo comentaste". Ahí es cuando entran de nuevo en tu cuenta, que es algo que siempre has mimado y que ese día pierde la magia al descubrir que medio mundo hace y deshace sin consultarte. "¿Qué tipo de seguro del hogar quieres?" A lo que cabizbajo contestas… "uno gratis". Pero casualmente de esos no hay. El momento más gracioso es cuando te ofrecen la posibilidad de asegurar, por un "módico" precio, lo de dentro de la casa. Que tu dices; pero si con lo que he pagado no puedo meter nada dentro de la casa. ¿Qué cojones voy a asegurar? Sólo estaré yo, en el suelo, muerto de frío, comiendo tranchetes hasta el 2041. Y justo ahí, cuando te ven hundido, tan cerca de tirar la toalla… te miran, con los ojos brillantes de Mengele ante un par de gemelos polacos… y te dicen: "¿Ah! hablando de eso… te comenté lo del seguro de vida, ¿no?". Entonces empiezas a llorar, un mecanismo de regresión hace que recuerdes lo bien que estabas en el útero materno, coges la carpeta que te han regalado e intentas cortarte la yugular con el canto. Pero no puedes. Firmas más cosas mientras las lágrimas van emborronando la tinta de sumas y sumas y multiplicaciones que tienes delante. Y justo cuando te vas a ir, justo mientras decides si tirarte de la Riera o ante una calesa de esas de los turistas, te dan una palmadita en la espalda y te dicen: "Bueno, y todo esto dentro de seis meses lo revisamos y puede que te suba un poquito más. Venga. Adiós. Enhorabuena chaval".
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