en otoños ventosos...
María
Oh! Don Cosme! ¿Es real esta visión, o son cánticos de sirena los que enmohecen mis ojos poniendo ante mi aquello que más deseo?
Don Cosme
Es tan real como que los grillos, y no las sirenas, me han acunado en las noches que no amanecí a vuestro lado. Tan real como la luna, María. Tan real como el páramo en el que despedí tu figura. He vuelto. Para quedarme.
María
No es sólo una visión sino la caricia de una promesa. Una manta en este invierno, una mano que me arrulla… si sueño, por favor, no me dejéis despertar.
Don Cosme
María, qué ingrávida tu melodía. Y qué tentador tu verso, placebo pausado, que con quirúrgico rigor extirpó mis soledades.
María
No me digáis, don Cosme, que tentado en latitudes que una ni alcanza a imaginar, habéis regresado con el deseo intacto por esta simple campesina.
Don Cosme
Le diré que en cada piedra, en casa sombra del sendero, en el espejo de cada arroyo, veía reflejada la cara de esta ‘simple campesina’, tan simple que no dejó a pensamiento alguno ocupar su espacio en mis adentros.
María
Por Dios!!… Ahora lloraría si no temiera que mi propio llanto me cegara un instante nomás, y tras él, dejara de verle.
Don Cosme
Puede llorar, María. Puede, incluso, arrimarse y llorar sobre mi hombro. Así, hasta en la oscuridad del profundo suspiro, sabrá que sigo aquí y que no pienso moverme.
María
Ohh!! Don Cosme!!! Tiemblan mis piernas y se doblan como las espigas en otoños ventosos. No reacciona mi cuerpo sino al júbilo de verle, corazón y cabeza bloquean mis sentidos…
Don Cosme
Entonces seré yo quien se acerque, la tomé en brazos, la lleve hasta el lugar más dulce del cobertizo y le muestre cuán real puedo llegar a ser.
María
Ahhhhh…………. Nada me haría más feliz.

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