siempre hay algo que contar...

miércoles, febrero 22, 2006

volvere...

Volveré alguna vez a estos mundos de espuma y látigos de rama a los que sometemos nuestras cabezas. Volveré, si quiera, a acallar el soplido de un Levante violento trastocando la escollera. Volveré para seguir, en el punto exacto en el que lo hubiera dejado, este pausado recuento de almendros sin flor. Y abriles, náufragos de barro, secándose a la luz de una nueva primavera. Abrigos de paja y animales, nómadas y abandonados, con miradas más humanas que la mayoría de los hombres. Volveré, exhausto de caminar, y conocer, y echar de menos. Una tarde, sobre el vaivén pausado de una ola, o una nube, o sobre el manto verde de cualquier litografía. Arañando de rodillas la tierra mojada, extendiéndola por mi cara, a ciegas, recordaré el sabor de un hogar deshabitado. O habitado quizá por gente vacía y, por tanto, vacío, desangelado, absolutamente miserable en el cómputo de ilusiones. Y entonces ya no seré yo, ni ellos serán ya ellos. Seremos la suma de las agujas del reloj. Unas más veloces y otras más firmes. Unas rotas y otras nuevas que lleguen para sustituirlas. Y caminaré, lento y descalzo, por aquellas praderas en las que fui criado. Caminaré, hiriéndome en la dureza del cemento decretado, mirando al suelo, triste en el recuerdo de higos, helechos y flores borrados del lienzo inestable de mi memoria. Volveré, ahogado en el gris que habrá amalgamado azules, y verdes, rojos y amarillos. Y el verde del mar será gris, como gris será el rojo del cielo previo al temblar de Tramontana. Y grises los campos y las casas. Y grises los hombres, enfermos de ciudad. Entonces, puede que sin rechistar acepte mi gris destino. Pero hoy aun no. Hoy no. De ninguna manera.