en el rincon...
En el rincón donde no nacieron los niños, se amontonaban fotografías, restos de cerillas y guirnaldas desgastadas de lo que nunca se celebró. Cuando aumentaba la corriente, volaban post-its con los nombres de los que aun podían salvarse. A veces se contaban por centenares. Si uno tenía la fortuna de toparse con su homónimo papelito amarillo, sabría que el rumbo era variable y, de desearlo, podría cambiarlo. Desgraciadamente, la mayoría se dedicaba a capturar y destruir los post-its ajenos. De este modo, sus vecinos jamás conocerían su suerte y, por extensión, jamás podrían alterarla.
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