siempre hay algo que contar...

martes, enero 03, 2006

no me crees...

No me crees si te digo que lo más complicado son las horas que paso intentando encontrarme. Cuando el simple volar de un parpadeo me escorza y desestabiliza. Voy donde dictan mis pies. Y doy vueltas en círculos por miedo a volver a casa. Lo peor es cuando revoloteo entre las fotos de las que no me deshice jamás. Veo cómo caen sobre la mesa, encalladas como las velas que no convencen al viento. A veces aleteo deprisa, quemando fotogramas y paisajes endulzados. Y otras planeo, contemplando el reposo de las aguas estancadas. No tengo fe ni anhelo, no veo más allá de donde se achatan las sombras. He querido recordarme, como el agua liviana que escapó, tierra adentro, de sus sucios litorales. Y he dormido en los suburbios donde se baraja sin comodines. Ya ves. He caído en el encierro de la gente vacía, sin luz ni calendario. Y me he acomodado en las réplicas de la ciudad nociva. No lo sé. No sé cuánta autonomía le dieron a mi voz, ni cuánta convicción, ni cuánto miedo. Pero sé que sigo adelante, cauto, más o menos erguido. Sé que soy menos solemne que ayer, pero más sensato. Menos atento al caminar de genios y mediocres. Más unidad y menos conjunto, harto de flotar en mezclas que no me definen. Recuerdo el frío de las calles encharcadas. Recuerdo notas fugaces que daban brillo a las baldosas de este inmenso pasillo. Recuerdo el mar. Tengo miles de recuerdos, pero yo no estoy en ellos. Como si alguien se hubiera encargado de extirparme de cada paisaje. Como si nunca hubiera estado. Como si no mereciera estar. Así sucede. No me crees si te digo que me desvelo, que me voy difuminando, que me rompo en pedazos. No me crees. No me crees si te digo que sufro, básicamente, porque no encuentro el motivo que me hace sufrir.