dejarnos en paz...
Debemos volver a aprender. Volver a activar la maquinaria que hace que nos hagamos menos daño. Volver a confiar en los gestos, en las palabras y en las actitudes que creemos correctas. Volver a ser lo que somos y no lo que deseamos proyectar. Volver al tacto, a lo desinteresado de las entregas, a la ternura diaria exenta de motivos. Debemos alternar el concepto de gratitud, creer fielmente que a veces obsequiar es mejor que recibir. Debemos obsequiar, más allá de lo palpable. Obsequiar presencias, modos, calmas y armonías. Debemos renovar los placeres imperiosos, la suma de innecesidades instaladas en nosotros. Debemos cambiar, pero cambiar despacio, sin pretender abarcarlo todo en premuras insostenibles. Cambiar el paso y así, metro a metro, cambiar el camino. Debemos hacer nuestra la manta de la relatividad. Relativizar los desarrollos que concluyen en alegrías y decepciones. Depender menos de ellos. Conseguir mantener estable lo que es estable, sin fluctuaciones gratuitas tras cada pequeño tropiezo. Debemos positivar cada parte de cada fase de cada proceso, depurar y minimizar las exigencias que nos abocan a grandes o pequeños pero al final constantes fracasos. Debemos conocer los efectos secundarios de toda pérdida o dejadez, esperarlos en lugar de dejar que nos golpeen, abrirles la puerta para que entren y salgan a la misma velocidad. Debemos plantar cara a lo previsible del miedo y a lo inherente del dolor, saber que todo mal es pasajero y otorgarle, diezmada, la importancia que merece. Debemos querernos, menos que la soberbia pero más que el abandono de todo objeto infravalorado. Tenernos presentes. Protegernos de nosotros mismos. Salvarnos. Mimarnos un poco.
Al fin y al cabo, debemos dejarnos en paz. Y en paz, seguir adelante.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home