siempre hay algo que contar...

jueves, abril 14, 2005

contando las olas...

Querido día, ayer, estaba contando las olas y… pensaba, sobre la soledad, sobre hacerme viejo o no, estaba pensando, no estoy seguro pero, de alguna manera, nada que los niños no puedan entender es realmente importante ¿verdad?… no sé. Mi tiempo me contempla. Un soplo, frágil. En ocasiones hay que renunciar a la alegría para alcanzar la inspiración. Sé que no hay líneas rectas en la naturaleza y que cuando los órganos de percepción varían, los objetos percibidos parecen variar. Hoy noto que mis órganos varían peligrosamente. Es complicado. Siento que la edad de la escritura ha pasado, que debemos inventar una nueva metáfora, reestructurar nuestros pensamientos y nuestras sensaciones. Los niños lo saben. No asumo que lo entiendas. Todas las teorías que pretenden estructurar este caos resultan caóticas en sí mismas. Este es un universo cruel y caótico, que se une y se divide de forma infinita (y dicen que ordenada) en todas sus posibles permutaciones. Y aquí, nosotros, estúpidos en nuestro mundo eléctrico, con nuestra cultura mecánica, andamos de lado a lado, cansados y vacíos, explorando. Querido día. No muy lejos de aquí, existe un lugar donde es probable que no me recuerden. Y que no me esperen. No pretendo entender qué diré cuándo llegue allí, ni a quién encontraré. Quiero dejar que las pequeñas cosas, que por lo general me aburrirían, hoy consigan deslumbrarme. Debo ser consciente de lo que hago, de lo que ocurre a mi alrededor, de lo que piensan los demás, de lo que hace que rían y de lo que hace que, irremediablemente, rompan a llorar. Pero a veces no puedo. Quizá no consigo explicarme con claridad. Es complicado. Siento que nos estamos secando. Después de todo; ¿cuánto amor necesitamos? ¿Cuánta ternura? No sé. Lamento hacerte perder el tiempo. Se ha hecho tarde y ni yo logro comprenderme. Sólo los niños lo saben.