creer en la Navidad...
Si fallece un pez sin siquiera recordar su nombre; si avanzan paralelos, casi unidos, caminos que no divergen; si asoma una brizna de hierba entre las rocas.
Si hay vida incluso dónde no la custodian ni el agua ni la luz; si en el bolsillo me cabe tu voz, tu gesto y tu imagen; si por no responder, no preguntamos.
Si inventamos sonidos con los que suplantar el llanto; si morimos, ajenos, a cada leve golpe de ausencia; si la prole de un árbol crece a cientos de kilómetros.
Si no eres tú, ni soy yo, sino el delicioso cómputo común; si toda verdad es subjetiva, expuesta al cambio de cada percepción; si dos no hacen uno si uno no quiere.
Si en un sólo gesto leo tres tomos de tu biografía; si en algún sótano descansa el arte embalsamado; si creo en lo que siento, y no en lo que veo.
Si un lápiz disemina lo que debería llevarse el viento; si puedo seguir el crepúsculo en el perfil de un solo olivo; si por mucho madrugar no siempre amanezco a tu lado.
Si las corazas se caen como cortezas inermes; si alguien cree en la decisión de desmembrar margaritas; si en algún lugar, no muy lejano, sufren por nosotros.
Si la inocencia de un niño amplifica la triste inercia de toda madurez; si acorralamos el miedo entre el broche de un abrazo; si en el canto de una traición se despeñan cien mil caricias.
Si la piel absorbe el aire de las palabras que no decimos; si en los lapsos de calma queda latente la necesidad del verso; si el dolor es creación, y la creación riqueza, y así, al final, el dolor es la riqueza del alma.
Si sé cómo hacer que el tiempo se detenga entre tu boca; si me asalta la emoción al trepar por un acorde; si tenerte cerca es cercar mi paraíso… no necesito creer en la Navidad.
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