siempre hay algo que contar...

jueves, mayo 18, 2006

¡Everest!

Por si aun no os habéis enterado, acabamos de coronar el Everest. Sí! Y digo acabamos (nosotros), pues la costosa expedición de dos años de duración la hemos pagado entre todos. No lo olvides: “Mallorca ets tu”. Y Mallorca tiene gastos, algunos ineludibles y otros, pues, digamos que excéntricos. O caprichosos; los periódicos caprichos que se le presuponen a toda digna princesa. Total, que después de dos años de intentos, esfuerzo, algún susto y varias retiradas, Mallorca ha coronado a las 5 de esta madrugada el Txomolangma (o Everest). Por un lado, no consigo sentir la plenitud que se supone debería invadirme como buen mallorquín. No logro descubrir en mis pulmones la brisa gélida del Himalaya, ni cerrar los ojos y estar ahí, en un paisaje excepcional en el que me encantaría estar. No. Mi dinero no ha servido para que me sienta mejor, sino para que tres tíos se monten la excursión de su vida. Que no se lo reprocho pues todos haríamos lo mismo. Es una envidia insana que empeora cuando recuerdo que con mis impuestos, en once años, aun no han asfaltado la calle que va a casa de mi abuela. Pero me siento egoísta pues qué debería importar que mi abuela pueda ir sembrando ajos en los surcos que dejan sus muletas hasta la parada del bus cuando hemos tocado el “techo del mundo”. Si es que yo sólo voy a lo mío. Por otro lado, ya era hora de que encumbraran. Yo creo que se hacían los remolones, con lo bonito que es todo aquello, en plan “¿subimos mañana? ¿o mejor el viernes? ¿o ya el lunes que se habrá acabado la liga y nos harán más caso? ¿o si eso en junio, no? Sí, en junio… venga! saca las hierbas dulces que hace frío” Supongo, por otro lado, que la noticia del neozelandés sin piernas que hace dos días coronó el Everest debe haber precipitado nuestra proeza. Debieron decir “tío que se nos va a notar, que esto es un cantazo, que les hemos vendido que es casi imposible subir ahí”. Y se pusieron manos a la obra. Bueno, no exactamente. Primero enviaron a los sherpas (que hay muchos de repuesto) a trepar por la montañita fijando las cuerdas y los anclajes por los que Mallorca alcanzaría su hazaña. Desde luego, un buen truco. Y hoy, por fin, pim pam y arriba, a colocar la banderita. Que supongo debe ser bastante complicado ya que después de que cientos de miles de personas coronen esa cima no sé yo si quedará aun sitio para más banderitas, que debe parecer eso el edificio de la ONU con tanta bandera. Eso contando que cada uno, además, se lleva la de su equipo de fútbol, la del club de esplai y la del bar de su primo. Que si es por lo de la bandera ya se podrían organizar mejor, ¿no?. Que vayan dos tíos con un helicóptero una vez al año cargados de banderas y las planten ahí. Y te ahorras las dietas, los aludes y el dormir ahí de tirado con los pies morados de frío. Pero bueno, ya está. ¡Ya hemos llegado a la cima del mundo¡ Falta saber, estudiado el camino, si nos conviene ahora más hacer una autopista hasta la cima o si nos bastará con un desdoblamiento. Seguro que ya lo están mirando.
Y, ¿ahora? ¿Qué grandes metas nos augura nuestro afán de conquista? Pues, de momento, otra que va. Por si no lo sabéis, estáis patrocinando un viaje para seguir la ruta de Ulises por mar. Joder! Esta sí que me da envidia. La verdad es que, aunque rabioso por los baches que circundan la casa de mi abuela, chapeau por el que se inventó el proyecto y tuvo gemelos para plantarse delante de la princesa; “mira que me quiero ir a dar la vuelta al Mediterráneo con un velerito, así rollo Ulises, y que a ver si me lo pagas” Osea, en plan fenicio (nunca mejor dicho). Y le dicen que sí, que lo debía flipar como Colón pidiendo pasta a los Reyes Católicos.
Total, que hemos subido al Everest y ahora nos vamos “tras la pisadas de Ulises”. Dos epopeyas imprescindibles para el devenir de nuestra isla. Yo he estado pensando y, ahora que tendré tiempo, voy a intentar que me patrocinen mi propia gran aventura; “Projecte Panada”. Pretendo seguir in situ el proceso completo de confección de uno de nuestros emblemas gastronómicos. He calculado que me llevará un par de años. Empezaré por las laderas del Cáucaso donde se cría la que nos venden como ternera mallorquina y terminaré sentado en el suelo ante el horno de mi abuela para ver emerger de él nuestra redonda joya de pascua. Bueno, eso si los socavones me permiten aun acceder a casa de mi abuela.